La ciudad mágica de Estambul

“Si la Tierra fuese un solo estado, Estambul sería su capital.” -Napoleón Bonaparte


Estambul es la única ciudad del mundo situada en dos continentes; dividida entre Asía y Europa por el estrecho del Bósforo, la metrópoli turca contempla una belleza histórica y cultural verdaderamente única.

Habitada aproximadamente desde el año 600 a.C. Estambul ha sido en términos de comercio, cultura, diplomacia y estrategia, el enclave y la disputa de los imperios más grandes de la historia; los persas, espartanos, atenienses, macedonios, celtas, romanos y otomanos disputaron durante siglos el dominio de esta urbe.

Conocida históricamente como Bizancio y después como Constantinopla, no nos alcanzaría la vida para hablar de importancia histórica de Estambul.

  • Mezquita del Sultán Ahmed



Es uno de los grandes tesoros de la ciudad, un edificio magnífico que por fuera y por dentro deja sin aliento al espectador. Es considerada la gran última obra del arte otomano.

Su nombre en turco es “Sultanahmed Camii”, fue construida por el Sultán Ahmed I entre 1609 y 1616. Es conocida también como la Mezquita Azul, ya que 20.000 azulejos con detalles de color azul revisten su interior.

Su construcción generó gran polémica, no solo en la población sino también en la comunidad religiosa. Primero porque se utilizó el dinero de las arcas públicas en un periodo de compleja situación económica y segundo porque se consideró que su diseño con seis grandes minaretes pretendía rivalizar con la sagrada Mezquita de la Meca. Esto provocó que el sultán árabe tomará la decisión de construir un minarete más en La Meca y así seguir siendo la mezquita más imponente del mundo.




Como es común en las ciudades de mayoría islámica, el llamado a la oración se produce cinco veces al día, a través de altavoces sobre los minaretes de las mezquitas. El eco del cántico que se desprende de la Mezquita Azul llega a todos los rincones del centro de la ciudad y cada vez que se escucha, llena el ambiente de una sensación verdaderamente mágica .


Entrar a la mezquita conlleva seguir ciertas normas, como descalzarse o cubrirse el pelo en el caso de las mujeres. Su ambiente de culto, sus ventanales, lámparas, alfombras, cúpulas y detalles decorativos auténticamente envolventes.

  • Catedral de Santa Sofía





Ayasofya, en turco, es la obra más sagrada y grande de la época bizantina, y uno de los monumentos religiosos más importantes de la historia.

Sus curiosidades son infinitas; construida en en el año 360 d.C. fue el templo más grande del mundo durante casi mil años. Posee una de las cúpulas más grandes y complejas de la arquitectura y  a pesar de su perfección, la leyenda cuenta que el arquitecto fue mutilado de manos por el sultán ya que la cúpula no cumplió con las dimensiones que él esperaba.

El imponente edificio fue utilizado como iglesia ortodoxa bizantina,  hasta el año 1204, cuando fue reconstruida en catedral católica, pero 60 años después vuelve a convertirse en iglesia ortodoxa. Es en el año 1453, tras la conquista del Imperio otomano que el edificio es transformado en mezquita. Se mantiene en esta función hasta que en 1931, tras varios terremotos, cierra sus puertas para una exhaustiva restauración y en 1935 abrió sus puertas al público como museo.

El interior del templo es una fusión de lo imponente que fueron las religiones que lo dominaron. Una mezcla única de mosaicos laminados de oro, escritos bíblicos, islámicos y artes de carácter islámico, católico y cristiano ortodoxo.




Probablemente sean pocas las obras arquitectónicas de esta magnitud que hayan presenciado tantas batallas y que hayan experimentado tantas transformaciones.

Las leyendas que giran en torno a Santa Sofía van desde que sus puertas fueron construidas con la madera del Arca de Noe, hasta los poderes curativos de  la “Columna que Llora”, estructura construida en mármol que se mantiene húmeda durante todo el año. Se dice que son las lágrimas de un santo que tiene el poder de curar enfermedades.

Otra leyenda también cuenta que altar de Constantinopla quedó sumergido en el Mar de Mármara. Según esta historia, cuando fue tomada Constantinopla, los griegos desmontaron el altar de Santa Sofía y lo llevaron en un barco a Occidente. Sin embargo, el barco se hundió y el altar se perdió en el fondo del mar. Los navegantes europeos aseguran que en ese lugar, el mar siempre está en calma por más tormentas que haya alrededor.
Por su historia infinita, su legado y su cultura, Estambul, Patrimonio de la Humanidad, es sin duda una de las ciudades más apasionantes para visitar.