Que valiente es Bilbao

La Semana Grande de Bilbao es la principal fiesta de la ciudad vasca.

Lo que hace especial estas fiestas es el folklore y carácter reivindicativo de su gente.

La capital de facto del País Vasco, al norte de España, es una de las ciudades portuario-industrial más importantes de Europa Occidental.

Pero además de su gran industria, Bilbao es guardián de una de las culturas milenarias más fascinantes de Europa.

La región del País Vasco ha construido alrededor de su identidad una personalidad original, creativa, valiente e impregnada de diversas influencias.

Muestra de ello es su idioma, el Euskera, tan complejo y maravilloso que su origen es un auténtico misterio. Esta lengua estuvo a punto de extinguirse debido a la prohibición estricta de la dictadura franquista a que no se hablase otra lengua que no fuera castellano.

El Euskera no tiene las mismas raíces indoeuropeas, no tiene origen conocido ni relación con otro idioma, una anomalía que ha mantenido en debate a los expertos en lingüística durante mucho tiempo. Y me atrevo a decir que todo lo que engloba la cultura vasca sigue la misma linea, su identidad es algo verdaderamente único.

La semana de fiestas en Bilbao o “Aste Nagusia” en Euskera, arranca con el tradicional Txupinazo, ¿que es eso? lo explico por partes: alrededor de las 5:30 comienzan a reunirse grupos de todas las edades alrededor del Teatro Arriaga. Van armados y listos para la batalla; botellas de gaseosa, huevos, harina y todo tipo de aceites y bebidas alcohólicas para desatar un momento de auténtico éxtasis y locura.

Diferentes organizaciones y colectivos de carácter reivindicativo; banderas a favor de los derechos LGTBI, grupos feministas, en pro de la autodeterminación de los pueblos, movimientos por la liberación animal, etc. Mensajes políticos y sociales de todo tipo se observan en variedad de colores y banderas.

Cánticos, saltos, batallas y abrazos se desbordan entre el público que está cada vez más envuelto en el ambiente.

Mientras más sucio, más entusiasta.

El ambiente en la plaza va subiendo de tono y a las 6:30 ya se comienza a notar esa atmósfera de carácter eufórico que lo envuelve todo cuando algo importante está a punto de ocurrir.

La gente está cada vez más ansiosa por la señal que haga todo explotar.

Las siete de la tarde, llega el momento.”¡Bilbotarrak!” grita la pregonera.
Y aparece danzante entre un mar de confeti la figura de la “Marijaia”, el símbolo de la Semana Grande bilbaína, la “Señora de las Fiestas”, un personaje representando una mujer con traje tradicional vasco, de rostro cómico y los brazos en alto.
“Nos sabemos qué tiene Marijaia bajo su falda y nos da igual ¡La queremos igual!” gritaba la pregonera, portavoz de la Asociación de Familias de Menores Transexuales del País Vasco y Navarra.
El público enloquece frenéticamente y desata el momento más especial del Txupinazo.

La locura se extiende por al menos 20 minutos más, al ritmo de la canciones en euskera, particularmente la de “Badator Marijaia” (Ya viene Marijaia) la canción oficial de la Semana Grande.


Pasado el frenesí, cuando pensaba que todo había terminado, me sorprende que la gente comienza a desplazarse al puente y a la orilla de la ría.

Allí tocaba presenciar otro de los ritos festivos bilbaínos; el clavado a la ría para limpiarse de toda esa masa pegajosa que los embarra de pies a cabeza.


Con el Txupinazo daba inicio oficialmente la Semana Grande bilbaína.

La gente se colocaba los pañuelos color “azul Bilbao” y salía a disfrutar del paseo por las “txosnas”.

Las txosnas son básicamente tiendas, barras o más bien tabernas montadas al exterior con gran arte y creatividad, donde puedes comer una tapa, tomar cerveza, vino, sidra o “kalimotxo” la bebida más típica de los vascos.

Lo verdaderamente apasionante y curioso de las txosnas es que están diseñadas y montadas por grupos llamados “komparsas”, que a través de mensajes y lemas fuertemente reivindicativos se dedican a crear la identidad de las fiestas.

Las komparsas trabajan todo el año para la creación de sus txosnas. Son grupos de raíz popular, participativa e integradora, que a través de la autogestión son los diseñadores del modelo festivo de Bilbao.

Habría que repasar la historia de represión, resistencia y fractura radical que ha sufrido el País Vasco durante su historia para entender su naturaleza revolucionaria.

Ir en contra del sistema, abrir los brazos a la diversidad cultural, la conciencia a la diversidad sexual, son algunos de los mensajes que enmarcan estas fiestas bilbaínas.


La bebida y las discotecas en las txosnas se extienden la noche entera.

La fiesta se vive durante toda la semana. Actividades gastronómicas, artísticas, deportivas y folklóricas inundan la ciudad.